La Confederación Kantonal y el camino — 1821 a 1830 — Era de las Cruzadas Negras
Contexto histórico
1821. Seis años después de la Entrega de Vehr, el continente de Cross vive la era que se dio en llamar de las Cruzadas Negras — reconstrucción austera bajo paranoia, con el trauma de la Era de la Ceniza todavía metido en los padres y en los abuelos de todo el mundo vivo. Aurelianus I, el primer Uno, gobierna desde hace ocho años desde Aurum Roma. Ha declarado siete Estados internos, ha fijado la frontera del Limbus Mundi, ha instituido la Vigilia Perpetua, y ha decretado en 1815 la refundación de las Órdenes Militares Clericales — que existen, ese año, exclusivamente en papel: sin presupuesto, sin reclutamiento y sin doctrina escrita.
Lo que existe de hecho es una cadena de abastecimiento. La revelación del Hashmal, abierta en 1787, dio al mundo una familia de minerales que solo funcionan tras la purificación litúrgica — y la minería laica produce mineral muerto. Entre el filón y el cañón de un arma hay siempre un clérigo, y es a esa bisagra, y no a ningún dogma, a lo que la Curia debe el poder que va a tener. Pero en 1821 nadie lo había formulado en voz alta. Se compra y se vende munición consagrada como se compra y se vende plomo: por cajón, por unidad, con recibo.
Por ese mercado circulan los factores de la Confederación Kantonal — diecisiete cantones libres desde el Pacto Federal de 1817, sin ejército propio, sin colonia, sin revelación, y con la única flota comercial del continente que está hecha de camino y de mula. Venden a todo el mundo por doctrina y por supervivencia. Un kantonal cruza fronteras que ya nadie cruza, y la neutralidad que lo protege es también aquello por lo que nadie lo respeta.