Las casas no mueven la historia. Se mueven dentro de ella, y lo que una casa hace en 1781 explica lo que un hombre hace en 1888 sin que ninguno de los dos altere un solo resultado canónico.
El eje del conjunto es una simetría. Dos casas afrontaron la ruina en el mismo momento y respondieron de maneras opuestas. Una pasó un siglo comprando influencia y acabó en el trono del Uno. La otra firmó un pacto por una deuda y acabó al otro lado de la línea.
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