Ferrumkar, Ferrum Alpina — marzo y abril de 1852 — Era de la Forja
Contexto histórico
1852. El continente de Cross vive el apogeo de la Era de la Forja. La Iglesia se ha vuelto a colocar como motor de civilización y funciona: trenes santificados con una cruz fundida en la caldera cruzan la Europa de Cross en días; los Cables de la Curia unen Aurum Roma a cada frente en horas; los Cánones Mineralógicos de 1842 dieron nombre y clase a cada mineral revelado. Quince años de pontificado de Hashmalian I, y la guerra parece, por primera vez en setenta años, ganable.
Todo eso se asienta en Ferrum Alpina, el segundo de los siete Estados internos de la Orden Clerical, y en particular en su capital, Ferrumkar — la ciudad-forja. De ella sale el Hierro del Coro que blinda fortalezas y afila hojas, y la Hashmalita que mueve generadores y enciende lámparas. Ninguna otra ciudad del mundo hace las dos cosas.
El precio está escrito en la geología. La Hashmalita es friable, y su polvo es toxina respiratoria: entra y no sale. Un hombre que trabaja las galerías de Ferrumkar sabe, a los treinta años, de qué va a morir. Cuando ya no logra subir las escaleras de una vez, es trasladado a banco. Cuando ya no logra sostener una herramienta, recibe pensión de invalidez — doce años de galería — y el hijo entra en su lugar con preferencia. Hay lista de espera para entrar. Los llaman, en la ciudad, los vidrios, por el color que la piel adquiere a contraluz.