En una línea
Cuando la tierra tembló y las prisiones olvidadas bajo las montañas se abrieron, el Infierno subió — y el mundo aprendió, en una sola generación, que la salvación tenía precio fijo y proveedor único.
El Cataclismo no fue ingeniería divina. Fue la consecuencia metafísica de la apostasía humana: durante el siglo anterior, de 1680 a 1780, la gente de Cross abandonó progresivamente la práctica litúrgica. La barrera metafísica de los Sellos — alimentada por oración colectiva, misa, sacramento, fe en acto — se debilitó durante generaciones hasta dejar de sostener.
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