La economía de este mundo es una economía del mineral consagrado. Cada pieza del rompecabezas — comercio, guerra, política, tecnología, religión — gira en torno a un monopolio cruzado: la Orden tiene la interpretación, y otras naciones tienen parte de los yacimientos.
Ninguna mitad vale nada por sí sola. Mineral sin purificador es piedra muerta; purificador sin mineral es un clérigo con las manos vacías. Esa sola división explica por qué ningún bloque de este continente puede separarse de otro.
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